Columna del 8 de mayo de 2.000
MIENTRAS LA POLÍTICA DE DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO ARGENTINO NO ES LA
QUE HUBIÉRAMOS DESEADO, UNO DE LOS PODERES DE ESE ESTADO, EL JUDICIAL, HA PROVOCADO UNA
CONMOCIÓN.
EUGENIO RAÚL ZAFFARONI ESCRIBIÓ QUE SI ALGUIEN TIENE UNA DEUDA CON LOS DERECHOS HUMANOS
ES EL PODER JUDICIAL.
En un libro que publicó la Asociación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por
Razones Políticas, ZAFFARONI escribió el prólogo.
Ese libro está dedicado a los abogados detenidos desaparecidos y en el prólogo se dice
que si alguien tiene una deuda con los derechos humanos es el Poder Judicial.
Por supuesto ZAFFARONI se estaba refiriendo básicamente a lo actuado por los jueces
durante el terrorismo de Estado; pero, puede afirmarse que esa deuda quedó sin saldar.
En beneficio de los jueces que actuaron después la recuperación de la democracia, puede
decirse que fueron atados de pies y manos por las leyes de Punto Final y Obediencia
Debida.
Sin embargo, también puede imputarse a los jueces de la democracia, no haber sido
críticos de esas leyes que violaron la Constitución Nacional.
Pocos jueces hicieron como JUAN RAMOS PADILLA, que siendo radical, provocó el disgusto de
RAÚL ALFONSÍN, declarando inconstitucionales esas leyes.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación las convalidó y después vinieron los
indultos, que también son inconstitucionales aunque los jueces en general, no lo hayan
dicho.
En cambio todo ese entramado jurídico de la impunidad fue repudiado tanto por el Comité
de Derechos Humanos de Naciones Unidas como por el organismo regional de derechos humanos
dependiente de la Organización de los Estados Americanos.
Los jueces carecieron de decisión o no quisieron remar contra la corriente de la Corte
Suprema o de lo que suponían que iba a hacer la Corte Suprema.
Pero, el tiempo pasó.
Los organismos de derechos humanos siguieron luchando.
Se iniciaron juicios en el exterior que deben haber provocado algo de vergüenza a algunos
jueces argentinos.
Y esos jueces argentinos empezaron a reaccionar.
A la par que los organismos, los abogados que militan en derechos humanos venían
cumpliendo un trabajo incansable, de un valor doctrinario muy ingenioso y haciendo gala de
una enorme creatividad.
La intrincada malla de la impunidad empezó a fisurarse y se abrieron los juicios por la
verdad y los juicios por el repugnante delito de sustracción de menores secuestrados o
nacidos en cautiverio.
Los familiares, la Madres, los HIJOS, todos los organismos siguieron luchando reclamando
no sólo la verdad sino también la justicia.
Y eso por qué?: Porque las víctimas conocen perfectamente la verdad. Son los
victimarios los que deben reconocerla.
O la justicia investigarla.
Ahora se abre una nueva perspectiva.
La Cámara Federal de la Capital dejó abierta la puerta para investigar y sancionar
delitos de lesa humanidad como la desaparición forzada de personas, cuyos responsables
podrán ser juzgados a pesar de las leyes de impunidad.
La Cámara Federal de La Plata va a juzgar a quien fue mano derecha de RAMÓN CAMPS.
MIGUEL ETCHECOLATZ será citado a prestar declaración indagatoria y podría ser condenado
por algunos de los delitos que cometió durante el terrorismo de Estado.
Pareciera que el Poder Judicial o una parte de él, comienza a pagar la deuda con los
derechos humanos.
Tal vez no haya que alentar demasiadas esperanzas; pero, la noticia es para la legítima
alegría de quienes anhelamos la efectiva y plena vigencia de los derechos humanos.
Estos juicios, sumados a los de Europa, han preocupado a los responsables de los delitos
contra la humanidad.
En el Gobierno también hay preocupación y contradicciones.
RICARDO GIL LAVEDRA juzgó a los militares y ahora tiene que legitimar la oposición
oficial a estos nuevos juicios.
La palabra final la dará la Corte Suprema y puede suponerse que no será la mejor;
pero, hasta tanto, la lucha de los organismos, de los abogados de derechos humanos y de
los jueces que quieren pagar la deuda, traerán una necesaria bocanada de aire fresco a
los derechos humanos y si la sociedad apoya esta lucha, será más difícil y más costoso
políticamente, mantener impunemente la impunidad, aunque esto parezca redundante o un
juego de palabras.-