Carta escrita por la madre de las hijas de Jaime Castillo Petruzzi, preso político
chileno en Perú.
Santiago, a 14 días de huelga de hambre de tu padre en Perú.
Carta a mi hija:
Cuando miro tus ojos y leo preguntas... desvío la mirada. Cuándo me preguntas ¿cómo te
fue?, prefiero decir ahí, más o menos o algo por el estilo. Cuándo me interpelas, subes
tu voz y con rabia me dices: "Entonces dile a mi papá que abandone la huelga, que no
quiero que se muera", te miro y guardo silencio. Y me callo, hija mía, porque por
más que busco, por más que trato de imaginarme o, por último, de inventar una
respuesta, aunque sea sólo para ti, no la encuentro.
¿Qué te puedo decir?, hija mía.
Te podría decir, es que entiende que hay personas que mueren para vivir y me puedo poner
a hablar del Ché o de ese hombre o esa mujer que se inmoló por una causa que consideraba
justa. Te podría decir, es que entiende, ésta es una decisión de tu papá, pensada
larga y profundamente, y lo único que nos corresponde a nosotras, es apoyarlo. Te podría
decir, es que entiende, el análisis político decía que ahora o nunca. Te podría decir,
es que entiende, tu papá no es de esas personas que pueden soportar la muerte en vida.
Pero no puedo. Y no puedo, hija, porque te quiero y respeto ese amor.
No puedo hija, porque desde hace 14 días, me han pedido que entienda muchas cosas y
algunas muy extrañas. Me han pedido que entienda que están muy preocupados por la
situación de tu papá, mientras suenan los celulares y la mirada se desvía
disimuladamente al reloj. Me han pedido que entienda que estamos hablando de un caso o de
un problema complejo, que se enmarca en una situación que implica a dos estados, ambos
cercanos a elecciones. Me han pedido que entienda que mi noción temporal se ha
trastocado, que no estamos hablando de 8 años de cárcel inhumana, que no estamos
hablando de 2 años de emitido el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos,
que no estamos hablando de 6 meses desde la huida de Fujimori, que sólo estamos hablando
de unos dos o tres meses, desde que efectivamente, dicen, existen condiciones políticas
en Perú para abordar el tema. Me han pedido que entienda conceptos como la política de
lo posible o la interpretación de las leyes.
Me han pedido que entienda que el poder judicial peruano es autónomo del poder ejecutivo,
pero que tenga la certeza de que tu papá será juzgado con las leyes del código penal y
no con las leyes dictadas por Fujimori. Me han pedido que entienda que las conversaciones
con el estado peruano fueron un éxito, que señalan su disposición a cumplir en un 99%
el fallo de la CIDH, pero que no hay nada escrito que lo certifique, ni fechas
establecidas ni claridad sobre los procedimientos. Me han pedido que entienda que debo que
tener confianza en las gestiones realizadas, a la vez que se hace una presentación
escrita ante la CIDH, expresando la preocupación del gobierno chileno por la situación
de los presos chilenos en Perú y reiterando la necesidad de dar cumplimiento a la
brevedad al fallo. Finalmente, hija mía, me han p edido que entienda que ellos entienden
"lo" que estamos viviendo.
¿Te podré dar alguna respuesta a partir de estos entendimientos que otros dicen que
tengo que entender?
Hubo un momento, en que creí firmemente que el problema radicaba centralmente en una mala
definición, valga la redundancia, del problema, o en los énfasis, o en la vía, la legal
o la salida política, etc.
Tu mirada, tus silencios, tu expectación, tu rabia y tu tristeza se transforman en
señales.
¿Habrá algo que entender? ¿Habrá algo que las dos tendremos que entender? ¿Tendremos
que entender que no estamos hablando de tu papá, que no estamos hablando del hombre al
que amé?
¿Tendremos que entender que estamos hablando de un problema, un caso, un tema, una
situación, un conflicto, una papa caliente para cualquier gobierno, un posibilidad
política o, en última instancia, un cacho?
Hija mía, dejemos que los otros hablen de lo que quieran.
Nosotras, encontremos nuestras miradas y hablemos de tu padre que te ama, hablemos de ese
hombre que despertó en mi el amor, hablemos del idealista, del soñador, del apasionado,
en síntesis, hablemos de la vida... su vida... por mientras...
Hablemos también de lo que nos asusta, nos aterra y nos duele. Pero no hablemos de la
muerte, no hablemos de lugares comunes, hablemos de su muerte... de esa muerte que ni tú
ni yo queremos, pero intuimos.
Hablemos, hija, de ese ser humano que ama la vida y que cree que hay que arriesgarse a
morir para poder vivir en libertad. Hablemos de él, de ese que tú y yo conocemos y
queremos. Nosotras podemos hacerlo.
Y hablémoslo, hija, con los que quieran oír y hablar así, con los que se sientan parte
de esta historia y su destino, tal como lo vivimos tú y yo.
Tu madre, que te ama eternamente....
Carta escrita por la madre de las hijas de Jaime Castillo Petruzzi, preso político
chileno en Perú.
Red de Familiares y Amigos de los Presos Políticos
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