21/08/00


El sesquicentenario de la muerte del General José de San Martín aparece como una ocasión oportuna para que los hombres que integran las fuerzas armadas, sobre todo los jóvenes que no están comprometidos con el accionar del Estado terrorista, reflexionen acerca de cual es el rol que deben cumplir en democracia. Obviamente, lo primero que deben hacer los militares en democracia es mantenerla y respetarla. Es decir, no atentar contra ella, como ha sido una constante desde setiembre de 1.930. También parece oportuno recordar que San Martín se enorgullecía al afirmar que nunca había derramado sangre de hermanos. Y ¿por qué no? Sería bueno recordar la clase de padre que fue San Martín, ahora que se recuerdan las máximas a su hija.
También parece oportuno que la sociedad toda piense cuál debe ser el rol de sus fuerzas armadas y cuál ha sido su propia actitud cuando esas fuerzas armadas atentaron contra las instituciones democráticas. Antes de hablar de dudosas reconciliaciones, las fuerzas armadas que muchas veces no fueron consecuentes con el legado sanmartiniano, deberán reconcilien ellas mismas con sus responsabilidades. Que después la justicia haga lo suyo. Porque será la justicia lo único que restañará las heridas abiertas de la sociedad argentina. Pero, como la figura del libertador es tan grande y abarcativa, tal vez sería también una invitación para que la justicia analice cuál es y ha sido su rol, cada vez que las instituciones fueron arrasadas. Y como detrás de cada una de esas catástrofes hubo abogados, sería bueno que los abogados analicemos cual es y cual ha sido nuestro rol. Cada cuerpo social debe depurarse. En lo que a los abogados respecta, debemos tener muy en claro que es nuestra obligación respetar y hacer respetar la Constitución Nacional y los derechos humanos. El Mayor retirado, abogado, represor preso en Roma, Jorge Olivera tal vez no merezca mantener el título de abogado. Tal vez el Tribunal de Disciplina del Colegio de Abogados deba analizar si es merecedor de seguir abogando. Una sanción sería un buen ejemplo para su hijo, estudiante de derecho, que ha tenido lamentables apariciones públicas, que nos invitan a analizar el rol de su padre como militar, como abogado y como padre. Si lo hacemos a la luz del ejemplo sanmartiniano, el resultado es más que evidente.-

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