11/09/00
Durante el Encuentro Eucarístico Nacional celebrado en la Provincia de Córdoba, el pasado Viernes 8 de setiembre, se dio a conocer un documento de la cúpula de la Iglesia Católica. En este documento se desarrollan algunos conceptos que, según sus redactores, tendrían el carácter de autocrítica y pedido de perdón, por la actitud de la institución durante el terrorismo de Estado. Sin embargo, los organismos de derechos humanos, algunos de los cuales reconocen tímidos avances, le niegan esas características, que implicarían sanas virtudes y actitudes que la Iglesia Católica aún debe a la sociedad argentina. Todo el ornato, todo el boato y ese lenguaje críptico que utilizan las corporaciones para hacer creer que dicen algo y no decir claramente lo que tienen que expresar, campean en un documento que resulta más funcional a los represores que útil para quienes buscan la verdad histórica. La lectura se vio rodeada de toda la pompa que provocó la sacrílega puteada "del" Diego. Tal vez para formular una crítica ilevantable del documento, baste con recordar que la palabra "desaparecido" no es utilizada una sola vez. No existe ninguna autocrítica y todo se diluye en eufemismos y autojustificaciones. Lo más inadmisible - y por eso decimos que es funcional para la política de los represores - es que una vez más se echa mano de la teoría de los dos Demonios. Se habla de "la violencia, fruto de ideologías de diversos signos... particularmente la violencia guerrillera y la represión ilegítima". La Iglesia no sólo no reconoce la complicidad de su cúpula con el genocidio sino que sale, en cierta medida, a justificar aquella actitud. El documento coincide con uno elaborado hace apenas horas por el Ejército, en sintonía y pretensión de una supuesta reconciliación y olvido de los crímenes, sin justicia, es decir, con una bendita y custodiada, impunidad. No hubo autocrítica, no hubo datos reveladores para conocer la verdad histórica, no hay arrepentimiento y no puede haber perdón.-