18/09/00


Hace pocos días la Iglesia Católica hizo conocer un documento en el que se ensaya una suerte de visión autocrítica de la actitud que la institución mantuvo durante el terrorismo de Estado. Los organismos de derechos humanos criticaron el documento que no hace sino diluir las responsabilidades, en lugar de asumirlas. No existe una verdadera autocrítica ni el anunciado pedido de perdón. Lo más grave del documento, como comentábamos la semana pasada, es - para nuestro gusto - que se echa mano, una vez más, a la teoría de los dos demonios. Se trata, nuevamente, de confundir a la sociedad argentina descuidada. Esa sociedad o parte de esa sociedad que tal vez ignore que hubo delitos de lesa humanidad y delitos comunes: desapariciones, torturas, violaciones, robo de niños, robo de bienes de los detenidos desaparecidos y su posterior comercialización, etc. La víctima de la represión fue y es, la sociedad en su conjunto. No hubo, como se pretende hacer creer, una guerra entre dos bandos. La teoría de los dos demonios es funcional a los represores. A las pocas horas de conocido ese documento se conoció otro del Ejército, que en alguna medida rescata la posición de Martín Balza. Algunos analistas interpretan que ambos documentos están en sintonía con la propuesta de una mesa de diálogo al estilo chileno, en la que, según comentaba ayer Horacio Verbitsky en Página/12, se sentarían ex dirigentes montoneros. Se trataría, si se lleva a cabo, de una burda maniobra que nadie con conciencia va a aceptar. Así como a la mesa chilena le faltaron los familiares de las víctimas directas, a esa mesa le faltarían quienes representen a las víctimas y quienes representen a la sociedad. Sería un nuevo intento de ver nuestra historia reciente, a partir de la desacreditada teoría de los dos demonios. Esa teoría nació enferma de muerte y como dato que lo certifica, baste con recordar que al 24 de marzo de 1.976 las organizaciones armadas estaban prácticamente desmanteladas ya que habían perdido la mayor parte de su poder de fuego y habían sido descabezadas. Ahora parece que los jueces se suman a la maniobra ya que acaban de resolver que los militares que declaren en los juicios por la verdad no deberán hacerlo bajo juramento de decir verdad, sino que deberán hacerlo de acuerdo con su conciencia. La misma conciencia que les permitió cometer delitos aberrantes. Se trata de un nuevo privilegio. En nuestro ordenamiento legal no existe la posibilidad de que un testigo declare sin prestar juramento y sin asumir la responsabilidad que cualquier ciudadano tiene si miente o si oculta lo que sabe.-

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