17/10/00
El tema de los derechos humanos es una asignatura aún pendiente de la democracia argentina posterior al Terrorismo de Estado. Las secuelas de ese terrorismo han calado tan hondo en el tejido social, que a casi veinte años de recuperada la vigencia de las instituciones, sigue pareciendo como que la defensa de esos derechos elementales, es un tema reservado a los organismos de derechos humanos o a los partidos de izquierda. Con el advenimiento de la globalización, el neoliberalismo y el discurso hegemónico, lo relacionado con los derechos humanos se ha complicado aún más. Para los argentinos, la cuestión presenta dificultades propias. Nuestra sociedad aún no ha podido superar las secuelas de que hablábamos. Además se han agregado nuevos síntomas nefastos, producto de la impunidad por los crímenes del Estado terrorista, a la que se vino a agregar la impunidad por hechos de corrupción. Es cierto que se enjuició y condenó a los Comandantes. Pero, también es cierto que se los indultó sin sentido. Si alguna justificación puede encontrarse a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que fueron arrancadas a punta de pistola, ningún justificativo puede encontrarse a los indultos. Entre aquellas leyes y estos indultos, la sociedad argentina ve, traumatizada, que su país se ha convertido en una cárcel en que conviven represores y víctimas. Las autoridades, mientras tanto, del mismo modo que los partidos de la oposición, no atinan a encontrar solución al problema creado por el enjuiciamiento de los presos por el intento de copamiento al Cuartel de La Tablada. Ante la preocupación expresada por el ex Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, el oportunismo y la miopía, han puesto no solo a nuestro país, sino al sistema regional de derechos humanos, en una situación muy difícil. El jefe del radicalismo fue el más perjudicado políticamente por el intento. Sin embargo, brega porque se conceda a los presos la doble instancia. Los detenidos en huelga de hambre corren riesgo de muerte. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos enfrenta una grave crisis ante la desatención de sus recomendaciones. La clase política argentina se enrosca en pequeñeces y la sociedad, o buena parte de ella, conserva una indiferencia suicida. Si no se encuentra una solución inmediata al problema, el prestigio internacional de Argentina sufrirá un severo daño y la irresponsabilidad de sus políticos pondrá en riesgo la subsistencia del sistema regional de derechos humanos.-