11/12/00


La Declaración Universal de los Derechos Humanos cumple 52 años y el aniversario encuentra a la Argentina en un bajo nivel de cumplimiento de sus postulados. Si bien en lo teórico nuestro país es uno de los que más Tratados de Derechos Humanos ha firmado, incorporando a unos cuantos de ellos a su Constitución, en la práctica dista bastante de ser uno de los países más cumplidores de esas obligaciones. El sistema económico al que han adherido los últimos gobiernos ha provocado y provoca cada vez mayor número de excluidos. Este creciente número de excluidos coincide necesariamente con un creciente incumplimiento de los Tratados que imponen al Estado Argentino velar por las necesidades básicas de su pueblo. Este sistema pensado para pagar una deuda que la gente no contrajo ni se benefició de ella. Este sistema que provoca falta de trabajo, falta de salud, falta de educación, falta de perspectivas para la juventud que emigra en busca de mejores horizontes; en suma, falta de dignidad, no puede sino ser violador de los derechos humanos. Y cuando se producen reacciones contra esas violaciones, el Estado responde con más violación de derechos elementales y reprime. Y lo más grave es que si el Estado Argentino quiere mantener a rajatabla este modelo no tiene otra salida que la represión. Este nuevo aniversario de la Declaración Universal encuentra una Argentina en que reina la impunidad, una Argentina que sigue ascendiendo militares comprometidos con el terrorismo de Estado, una Argentina que parece dispuesta a dejar morir de hambre a los presos por el intento de copamiento del Cuartel de La Tablada y dispuesta a hacer tambalear a todo el sistema regional de protección de los derechos humanos. Pero, este nuevo aniversario también encuentra a una Argentina en la que, al menos una parte de su sociedad, está harta de todo esto y con muchas ganas de cambiarlo, una parte de la sociedad que en la vigésima marcha de la resistencia demostró que quiere recuperar la dignidad y que no parece dispuesta a olvidar que por luchar por esa dignidad hoy perdida, todavía rondan la Plaza de Mayo las Madres a las que tres gobiernos surgidos del voto popular no supieron o no quisieron dar respuesta.

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