19/2/01


Argentina presidirá durante un año, a partir de marzo próximo, la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Sería ocioso destacar la enorme importancia de esta elección, que indicaría que nuestro país es uno de los que más respeta, en todo el mundo, los derechos humanos. Sin embargo, sabemos que no es así. Argentina ha sido tristemente célebre por las desapariciones forzadas de personas ocurridas durante el terrorismo de Estado y también porque, ya en democracia, si bien juzgó a algunos de los responsables, aseguró la impunidad de todos. Los que no fueron juzgados fueron beneficiados por las leyes espurias de Punto Final y Obediencia Debida y los que sí fueron juzgados, recibieron el premio del indulto presidencial. Actualmente, nadie puede afirmar que en Argentina no se violen los derechos humanos. Buena prueba de esas violaciones son: el gatillo fácil, los escandalosos pronunciamientos de una justicia politizada y dependiente y la falta de satisfacción de las necesidades básicas de un elevado porcentaje de la población. Lo que no parece cuestionable es la persona de Leandro Despouy, quien tuvo el gesto de atribuir su designación al prestigio de los organismos de derechos humanos argentinos. Coherente con lo que viene haciendo desde hace años aseguró que durante su gestión intentará que se sancione la demorada Convención Internacional contra la desaparición forzada de personas. Sería deseable que nuestro país tome este nombramiento como un compromiso para respetar y hacer respetar los derechos humanos fuera y dentro de su territorio, sobre todo dentro, donde los casos que mencioné antes, son sólo una pequeña parte de la compleja situación de los derechos humanos en la Argentina.-

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