29/4/01
Los últimos micros se han visto caracterizados por el signo de la hipocresía. La hipocresía de condenar la violación a los derechos humanos en Cuba desde un país, el nuestro, en que - a medida que el modelo se consolida - esos derechos pasan a estar mas ausentes. La hipocresía de Estados Unidos que simula que le importan los derechos humanos de los cubanos mientras lo somete a un bloqueo de cuarenta años. La hipocresía de hoy llega de la mano de legisladores, gobernadores y militantes justicialistas. Estos personajes tuvieron el descaro de utilizar las instalaciones del Congreso de la Nación para defender lo indefendible. La propuesta del Fiscal Stornelli de que el ex Presidente Menem sea indagado por la venta ilegal de armas, ha provocado un gran revuelo. Detrás del revuelo, lo que en realidad se mueve es el temor a que la malla de la impunidad y el acuerdo de gobernabilidad se vean perforados por una justicia que hasta ahora no demostró vocación, capacidad ni virilidad para ser independiente. Detrás de la actitud de mafia patotera se oculta el hipócrita reclamo de que no se judicialice la política o que no se politice la justicia. Y la hipocresía radica en que quienes han hecho esa invocación se encargaron durante la fiesta menemista de diez años, de manejar a los jueces a gusto y paladar. Estos personajes no están defendiendo a la justicia sino su propia impunidad. Desde otro punto de vista también hipócrita, llama la atención que se investigue a lo mas alto del poder menemista por un asunto que si se quiere es menor. Menor al lado; por ejemplo, de las privatizaciones. A ningún político le interesa que la justicia sea independiente. Jueces argentinos que quieran una mani puliti serían un peligro. Ningún político quiere que desaparezca la servilleta de Corach, quieren; eso sí, que cambie de mano. Y a los jueces que integran esa lista, en realidad, no les interesa.-