7/5/01
Hace unos días, leyendo las malas noticias a que nos tiene acostumbrados el
superministro Domingo Cavallo, reflexionaba: con De la Rúa estábamos mejor. La
referencia al desplazamiento de la figura presidencial ante la irrupción del
hiperquinético economista era obvia.
Cuando fueron ascendidos por el Senado varios oficiales del Ejército comprometidos con la
represión, alguien dijo: con Menem estábamos mejor.
Con la única excepción del terrorismo de estado, se podría afirmar que en la
canibalesca historia política argentina todo tiempo pasado fue mejor.
No creo que sea así; pero, más o menos.
Lo cierto, y varias veces lo dije, en materia de derechos humanos y respecto de la
relación de las fuerzas armadas con la sociedad, el decenio menemista fue mejor.
Entre Martín Balza y Ricardo Brinzoni no puede hacerse la mínima comparación y el
retroceso en el tema de los derechos humanos es tan visible como incomprensible.
Los escándalos más recientes que tiene que afrontar el arma lo protagonizó el
descubrimiento de un abogado nazi asesorando al ejército. Se trata de Juan Enrique Torres
Bande, que fue separado del cargo por la reacción que provocó en esta tímida y
complaciente sociedad argentina.
La ideología nazi en las fuerzas armadas argentinas no es ninguna novedad y se
transparenta en los uniformes y en la forma de desfilar; pero, peor todavía, se expresa
en pensamientos y palabras de sus hombres.
Es inexplicable la falta de reacción de las organizaciones de la comunidad judía, a
pesar del trato más cruel, si es que se puede mensurar, recibido por los judíos en los
campos de exterminio del terrorismo de estado.
Llegará el día en que la sociedad en su conjunto, obviamente la que mira para otro lado,
y la comunidad judía, al menos el sector que también mira para otro lado, deberán dar
cuenta de su culposa pasividad. Para la comunidad judía la culpa será mayor porque no
solo han olvidado la tragedia iniciada en marzo de 1.976 sino el propio holocausto.-