28/5/01
Las dificultades que presenta para la plena vigencia de los derechos
humanos un sistema económico inequitativo y de exclusión como el que los argentinos
padecemos desde hace décadas, tuvo su expresión más descarnada con el terrorismo de
Estado. El asalto al poder hace poco más de 25 años no tuvo por objeto combatir la
corrupción, que con los militares se incrementó del mismo modo que la deuda externa.
Tampoco tuvo por objeto combatir una guerrilla que ya estaba diezmada y que debió ser
enfrentada con la ley, como en los países civilizados y no mediante el terror. Su
objetivo fue impulsar este plan de exclusión y para eso era necesario exterminar toda
posible oposición, como una clase obrera con niveles de conciencia que hoy no existen,
del mismo modo que no existe clase obrera. Era necesario eliminar una juventud que se
planteaba, pensaba y soñaba con un mundo mejor. Era necesario eliminar maestros,
abogados, periodistas, médicos y todo lo que potencialmente pudiera ser un obstáculo
para el plan que sus amos, los dueños del poder económico, habían diseñado para
nuestro país y toda América Latina. Consiguieron en buena parte su objetivo y eso está
hoy a la vista con una sociedad que en muy buena parte sólo piensa en el sálvese
quien pueda. Esa sociedad asustada por la pérdida paulatina de su bienestar, que se
deja seducir por el canto de sirenas de la mano dura y que, si no reacciona a tiempo, lo
va a lamentar. La continuidad del plan de exclusión y hambre, por si alguien la pone en
duda, tiene nombre y apellido: Domingo Felipe Cavallo. No es el único, por supuesto. Es
alarmante que ante el sopor de esa buena parte de la sociedad, se produzca paulatinamente
el regreso de los muertos vivos. Hace unas horas le tocó a la hija de Hebe de
Bonafini. Los falcon son expuestos para que los vean los chicos de las escuelas vecinas a
los cuarteles de Ciudadela. Esa gente asustada que no advierte el plan de criminalización
de la pobreza y que reclama mayores poderes para la policía, como si con balas se fuera a
obtener alguna seguridad, debiera pensar en el poema de Bertolt Brecht, antes de que sea
tarde.-