17/07/00
El próximo paso en el camino de la impunidad de los crímenes del terrorismo de Estado
se va a intentar en la llamada mesa del diálogo.
Las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica Oficial y seguramente muchos, demasiados
políticos, intentarán vender a la sociedad argentina el pescado podrido de un nuevo
punto final.
Ese punto final, frutilla de la torta de los crímenes sin castigo, se serviría en una
mesa de un diálogo no se sabe muy bien entre quienes.
Sin embargo, se va a querer que creamos que en esa mesa se van a sentar los victimarios y
sus víctimas.
Los organismos de derechos humanos ya han hecho oír sus voces.
Todos coinciden en la inmoralidad de la propuesta y en la inmoralidad de aceptarla.
Se trata de un nuevo intento de chantaje a la sociedad argentina.
Se ofrece información a cambio de impunidad.
Si los represores tienen información, que nadie duda que sí la tienen, deben hacerla
conocer.
La oportunidad, si hubieran sido buenas sus intenciones, era inmediatamente después de la
autocrítica de Martín Balza.
Si tienen información, la tienen que entregar a la justicia y no cambiarla por impunidad.
El Presidente de la Nación, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas tiene que
ordenarles entregar esa información a los familiares de las víctimas, ejercer su
autoridad y sancionar a los remisos en lugar de permitir que la cúpula del Ejército se
solidarice con ellos.
La sociedad no debe prestarse a esta farsa que no es mas que otro triste remedo de la
teoría de los dos demonios, actualizada con la teoría del demonio y medio.
Demonio y medio, porque mientras los genocidas quieren y obtienen cada vez mas
concesiones, como las del turco Julián que fue prestamente socorrido cuando un grupo
indignado de manifestantes le reprochó sus provocaciones, la clase política no se pone
de acuerdo en como cumplir los compromisos de Argentina, violados con el juicio de La
Tablada.-