9/7/01


Mucho antes de lo que esperábamos el gobierno nacional se pronunció, a través del Ministro de Defensa Horacio Jaunarena, acerca del pedido de la justicia italiana de que sea extraditado Alfredo Astiz para ser investigado por algunos de los delitos de lesa humanidad que se le imputan. El Ministro dijo que no se haría lugar a la extradición del ex integrante de grupos de tareas, detenido por orden de la Jueza María Romilda Servini de Cubrini, porque sería un agravio a la soberanía nacional. El argumento, además de cínico es falaz. Hoy, 9 de julio, es fecha propicia para recordar a este gobierno y a los que lo antecedieron, que no fue precisamente la soberanía nacional lo que tuvieron en cuenta cada vez que se sometieron a los dictados del Fondo Monetario Internacional y de los grandes grupos detentadores del poder económico. Ni que hablar de las ruinosas privatizaciones, de la que el caso de Aerolíneas Argentinas es un ejemplo y no el único. El vocero presidencial Juan Pablo Baylac echó mano del principio de extraterritorialidad desconociendo que Argentina lo ha admitido en numerosos Tratados. Ninguno de esos principios excitó a los funcionarios de distintos gobiernos que admitieron que las disputas originadas en contratos internacionales fueran juzgadas por tribunales extranjeros. La diferencia parece pasar por derechos humanos versus dólares y poder económico. Más coherente, la Subsecretaria de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Diana Conti, esgrimió el principio que corresponde aplicar: a Astiz se lo extradita o se lo juzga aquí. La pregunta a contestar es ¿por qué le preocupa tanto al Estado Argentino mantener la impunidad de los crímenes contra la humanidad? Si la justificación de las leyes de impunidad fue el arrebato a punta de pistola en las famosas Pascuas de la casa en orden ¿cuál  es el de la actualidad?. Sabíamos que iban a caer caretas, lo dijimos el Lunes pasado; pero, no creíamos que iban a caer tan rápido. No hay vocación política para castigar los crímenes del Estado terrorista; pero, parece que ha despertado esa vocación en los jueces. Es bueno que la sociedad acompañe a los organismos de derechos humanos para que se haga justicia y Argentina no siga siendo un mal ejemplo universal.-

volver al índice