16/7/01


La justicia universal ha venido avanzando significativamente en los últimos tiempos. Ese avance se viene operando en dos sentidos distintos aunque coincidentes. Por un lado se han abierto en distintos países juicios para investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos en otros países. Argentina, una vez más, tiene el desagradable privilegio de tener la mayor cantidad de prófugos de esos tribunales, en los que se los puede castigar por los actos de terrorismo que la justicia argentina no pudo juzgar por culpa de las leyes y decretos de impunidad que nos avergüenzan ante el mundo. Chile y Uruguay nos acompañan como países que integraron el plan de intercambio de secuestrados que se conoce como Plan Cóndor. Argentina también está investigando los crímenes de esa asociación ilícita del Cono Sur y pidió la detención de represores uruguayos, que el gobierno vecino negó. El otro sentido en que avanza la justicia universal es el que llevará a la instauración del Tribunal Penal Internacional. Paulatinamente se van sumando las firmas de países necesarias para que el Tribunal comience a funcionar. En el mundo, muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos y distintos juristas están actualmente trabajando en la profundización y avance de los criterios de justicia universal y efectiva vigencia de los derechos humanos. Hoy se busca convertir en delitos de lesa humanidad las violaciones a los derechos humanos económicos, sociales y culturales. Cuando la conciencia universal haya avanzado lo suficiente es posible que veamos, nosotros o las generaciones que nos sucedan, como son juzgados esos depredadores de los derechos humanos que son los artífices de estos modelos económicos que para expoliar y hambrear a los pueblos han inventado la justificación de globalizaciones y mercados. Estos criterios guardan íntima relación con otros un poco olvidados y que son los que reconocen que las dictaduras militares cometieron las atrocidades por las que ahora parece que van a ser juzgadas, cumpliendo las directivas de esos artífices, dueños del poder económico, a los que también habrá que sentar en el banquillo de los acusados de la justicia universal.-

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