23/7/01


 

De Libertador General San Martín a Génova. Con absoluta arbitrariedad o tal vez, con toda justeza, se podría establecer un paralelo entre lo ocurrido hace apenas unas horas - cuando un joven fue asesinado en Génova por oponerse al discurso único, la globalización y el descarnado poder económico cada vez mas concentrado - con lo que sucedió hace veinticinco años en dos pueblitos de Jujuy. La muerte de Carlo Giuliani el pasado Viernes por oponerse a la omnipotencia del Grupo de los 8 está muy presente en el recuerdo. Tan presente como lejanos estamos los argentinos de ese tipo de protestas contra el núcleo central del poder, ya que aquí nos entretenemos discutiendo si Cavallo sí o si Cavallo no, como si el Ministro de Economía tuviera posibilidad alguna de solucionar los problemas que aquejan a los argentinos y no fuera sino el gerente de los que se tuvieron que reunir en un barco porque la tierra no les era tan segura. Y en realidad, ellos mismos, no son sino los gerentes del poder real, el económico. En cambio, lo que ocurrió hace 25 años en aquellos pueblitos jujeños, está más distante. Libertador General San Martín y Calilegua son dos pequeños pueblos cuya vida económica ha dependido del Ingenio Ledesma, propiedad actualmente de la familia Blaquier. Hace 25 años, un 26 de julio, se produjo un apagón que los dejó a oscuras. Camiones y personal de la empresa Ledesma junto con la Gendarmería, secuestraron a varios  cientos de personas, 30 de las cuales no aparecieron nunca más. Molestaban a los intereses del poderoso Ingenio. Este hecho es paradigmático y uno de los que mejor pinta, junto con los de Mercedes Benz y Ford, la complicidad entre el poder económico y el militar. O; mejor dicho, el que mejor demuestra para qué realmente se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y por qué se entronizó el terrorismo de estado. Había que descabezar toda posible oposición a este modelo. Por oponerse a este modelo desaparecieron 30 argentinos, que engrosaron la lista de treinta mil, murió Carlo Giuliani; pero la historia dista mucho de concluir. Mientras tanto ¿hasta cuándo nos vamos a seguir engañando con el Cavallo sí Cavallo no?. Con la misma miopía o indiferencia de sus vecinos, una mujer sola dio vueltas durante años a la plaza de Libertador San Martín. Este 26 Olga Aredes no va a estar sola, en realidad hace varios años que no da sola la vuelta a la plaza. Su marido, el Dr. Luis Aredes, fue asesinado porque fue el único Intendente que le cobró impuestos al Ingenio Ledesma. Debieron pasar muchos años para que los vecinos de la Dra. Marquez de Aredes pudieran sacudirse el terror. Esperemos que no sean muchos los años que los argentinos veamos pasar para que nos demos cuenta que con este modelo de exclusión no tenemos futuro y que quien lo defienda no merece regir nuestro destino.-

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