17/9/01


El brutal atentado terrorista que sembró de sangre y muertes a la Ciudad de Nueva York deja diversas lecturas. Desde el punto de vista de la defensa de los derechos humanos todo acto de estas características, así como toda violación al derecho más elemental de todos, el derecho a la vida, debe ser repudiado. El Estado argentino ha adoptado una postura de incondicional alineamiento, que también merece ser criticada. Los Estados Unidos de Norteamérica presentan el hecho como un atentado contra la humanidad toda y exigen que todo el mundo se enrole detrás suyo para legitimar una acción de guerra que puede resultar tan terrorista como la que se pretende escarmentar. Pocas son las voces que llaman a la cordura ante la fuerza, la presión, el chantaje de la potencia hegemónica. El pueblo argentino debe compartir el dolor del pueblo norteamericano pero no debe permitir que sus hijos vayan a pelear a una eventual guerra en defensa de una supuesta libertad, como siempre han caracterizado a sus cruzadas los Estados Unidos. La sociedad argentina debe ser solidaria con la sociedad norteamericana pero no tiene derecho a olvidar que el aparato militar norteamericano fue puesto a disposición de Inglaterra durante el conflicto de Malvinas y que 300 argentinos murieron en el hundimiento del Crucero General Belgrano gracias a la información aportada por él a las fuerzas inglesas. Tampoco tiene derecho a olvidar que los militares norteamericanos fueron entrenados para sembrar a América Latina de horror, por ese mismo Ejército, que les enseñó a torturar, reprimir y que les inculcó la doctrina de la seguridad subcontinental en la Escuela de las Américas. Lamentamos el dolor del pueblo norteamericano, como lamentamos el dolor del pueblo palestino y de tantos otros pueblos masacrados en nombre de aquella supuesta libertad, incluso con dos bombas atómicas. Que el chantaje moral no nos haga olvidar que fueron los Estados Unidos los que adiestraron a los talibanes para combatir a los rusos. Y que el Estado norteamericano, en lugar de presionar a sus satélites, dé una explicación de cómo y por qué tres aviones estuvieron fuera de rumbo tanto tiempo siendo que en un país atrasado como el nuestro, con solo dos minutos de perder contacto con una aeronave moviliza a nuestra fuerza aérea. Eso porque no queremos tener la sospecha de que este atentado aparece sospechosamente funcional a quienes están detrás del fabuloso negocio del complejo financiero militar del escudo antimisilístico. La respuesta a ese interrogante es urgente, tanto como evitar un baño de sangre sobre toda la humanidad, para reparar el orgullo herido de un Estado, por poderoso que sea. Repudiamos todo terrorismo; pero, nos negamos a ser chantajeados y a pensar como el discurso hegemónico pretende y optamos por la independencia de criterio. Nos resistimos a la pretensión de que exista una visión parcial de los derechos humanos. Estos derechos son universales y son indivisibles y protegen al pueblo norteamericano tanto como al pueblo argentino, al pueblo palestino y a todos los pueblos del mundo.-

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