24/09/01


El mayor violador de los derechos humanos, entre los Estados del mundo, son los Estados Unidos de Norteamérica. Atrocidades como las de Vietnam, las bombas atómicas sobre Japón, el apoyo y adiestramiento de las sangrientas dictaduras de la región durante la década de los 70, el bloqueo contra el pueblo cubano, son sólo algunos ejemplos de esas constantes violaciones. De modo paradojal, la potencia hegemónica siempre intentó legitimar sus agresiones, con pretextos tales como la defensa de la libertad, la paz y la democracia. En bases norteamericanas se instruyó a grupos armados, entrometiéndose en cuestiones internas de otros países. Así, los talibán fueron sus discípulos predilectos para combatir al ejército ruso. Ahora los Estados Unidos se aprestan a poco menos que borrar del mapa a Afganistán, la empresa criminal fue bautizada pomposamente como "Justicia infinita". El Presidente de esa Nación, lanzó la brabuconada injuriosa y petulante de que se está con esa acción, se está con los Estados Unidos o se está en contra. De manera lamentable, muchos gobiernos latinoamericanos; entre ellos, el nuestro, se alinearon prestamente detrás del cowboy, si bien después hubo algunos retrocesos, por ejemplo, esperar la autorización del Congreso si se decide mandar a nuestros jóvenes a morir por esa cruzada que pone en riesgo al planeta todo. Los Estados unidos de Norteamérica, por la fuerza del poder económico y del poder militar se han puesto por encima del derecho internacional de los derechos humanos. Han manifestado su oposición a que sus personeros, implicados en delitos de genocidio, sean juzgados fuera de sus fronteras. Pongamos por caso a Henry Kissinger, requerido por la justicia de algunos países de la región y de Europa en el marco de la investigación de la Operación Cóndor. Además hizo y hace lo imposible por sabotear la conformación de la Corte Penal Internacional. Con esos criterios de absurda soberbia, Norteamérica quiere embarcar al mundo en una guerra que puede acabar con él. Toca al pueblo norteamericano darse cuenta que no está ante un nuevo episodio de la Guerra de las Galaxias y, unido a todos los pueblos del mundo, oponerse a esta irresponsable aventura.-

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