8/10/01


Los Estados Unidos de Norte América comenzaron una especie de guerra no declarada contra un enemigo que sólo ellos saben quien es. Sin embargo, han logrado la adhesión de una gran cantidad de países, entre ellos el nuestro. Cada país sabrá el por qué de su sometimiento acrítico a esta atípica acción bélica. El nuestro seguramente andará atrás de algunas migajas de dólares para incrementar aún mas una inmoral deuda externa, que nosotros no contrajimos ni estatizamos. Es curiosa tanta complicidad con un acto tan terrorista como los del 11 de setiembre. Da la sensación, una vez más, que no solo la filosofía, sino también el mundo están cabeza para abajo. Esto sí es una clara demostración de teoría de los dos demonios y no la que militares y cómplices civiles nos quisieron vender para justificar los crímenes de la dictadura. Un Estado no puede dar una respuesta terrorista a un acto terrorista. Aquí los jerarcas y gerentes locales están jugando el futuro de la humanidad, que es decir nuestro futuro. Y los jerarcas y sus gerentes no pueden contentarse con supuestas pruebas que acreditarían la autoría de esos atentados y no dar respuesta o explicación alguna a los ciudadanos comunes, esos que ponen hacienda y sangre en esta contienda. Estados Unidos de Norte América hace mucho que se ha puesto por encina del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y toma decisiones que lamentablemente nadie discute. Ahora, seguramente arrasarán el Derecho Humanitario, que es el mínimo régimen legal que los que participan en una guerra deben respetar. Estados Unidos además de sentirse por arriba, se ha puesto por fuera del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional en general, con la única fuerza de las armas, que de moral no tienen nada. Curiosamente el acto que reunió el mayor número de personas para repudiar el ataque al centro financiero militar se hizo el pasado Sábado en La Habana, donde un millón de cubanos víctimas del criminal bloqueo norteamericano, repudió los atentados. Pero, los norteamericanos no van a aprender nada de eso. Están demasiado ocupados en lavar la ofensa y en aventar un temor que por primera vez en la historia les llega a su propio territorio. Ardua es la tarea de los defensores de los Derechos Humanos dentro y fuera de la potencia hegemónica hoy mas que nunca convertida en una fiera demoníaca, en un caníbal dispuesta a comerse a todos los caníbales del planeta, con lo que solo logrará la proliferación del canibalismo.-

volver a derechos humanos