15/10/01
El resultado de las elecciones que menos importaron a la sociedad argentina desde la reconquista del sistema democrático, no alienta la esperanza de mejora en la situación de los derechos humanos. En toda la región es notoria la caída en los estándares, fundamentalmente de los derechos económicos, sociales y culturales. A tal nivel se vienen degradando esos derechos que también se ven afectados los más elementales como la salud, la atención médica, la educación y todos los que derivan de una buena o mala situación económico-social. La sumisión casi absoluta de los partidos mayoritarios ante el plan de exclusión social gerenciado actualmente por el Ministro de Economía Domingo Felipe Cavallo, parece asegurarle la subsistencia, más allá de algunos retoques cosméticos. Difícilmente una democratización del Senado y de la Cámara de Diputados podría tener resultados en lo inmediato debido a la fuerte tradición presidencialista y la organización más o menos verticalista de esos mismos partidos mayoritarios. Curiosamente, en un área de los derechos humanos sí puede darse un pequeño avance y es en el campo de la justicia. El viejo Senado, que seguirá siendo viejo hasta el 10 de diciembre, acaba de dar una vergonzosa señal a la sociedad argentina cuando decidió que varios jueces federales fuertemente cuestionados son aptos para seguir en sus delicados puestos. Una Cámara Alta un poco más repartida tal vez se cuide un poco más de estos papelones, aunque no existen garantías. La lucha por los derechos humanos tendrá que seguir dándose en las calles, en las plazas, en las aulas, en los centros de la cultura y en todos los lugares posibles, no desdeñando los partidos políticos mayoritarios, a pesar de su desinterés manifiesto en este terreno. La democracia argentina aún no se ha consolidado, a pesar de los años pasados desde el terrorismo de estado. La coyuntura mundial no es la más favorable aunque tampoco la mas desfavorable. La aparente contradicción se funda en la circunstancia de que la guerra contra el enemigo anónimo que desató la potencia hegemónica consiguió el sumiso acompañamiento de muchos países pero también provocó la reacción de muchos pueblos. Posiblemente, como durante el conflicto de Vietnam, sea dentro de los mismos Estados Unidos donde se genere un fuerte movimiento pacifista. Por el momento eso parece distante. El recuerdo muy fresco del derrumbe de las torres gemelas no permite aún la preocupación por las otras muertes que se van produciendo, por ahora de supuestos enemigos. Pero en un futuro, tal vez también de sus propios hijos. El movimiento por la paz aún es débil, pero no todo está perdido en la lucha por la plena vigencia de los derechos humanos, la de los hombres y la de los pueblos.-