22/X/01
La lucha por la plena vigencia de los derechos humanos ha estado fuertemente marcada en las últimas décadas, por la lucha contra la impunidad. Una vez recuperada la democracia y pasada la efervescencia del paredón, paredón...los genocidas fueron sentados por primera vez en nuestra historia en el banquillo de los acusados. Sin embargo, la justicia fue retaceada. La correlación de fuerzas era aún muy desfavorable para el pueblo. Los esfuerzos de los defensores de los derechos humanos fueron estériles y cuando muchos criminales estaban sometidos a proceso, dos leyes arrancadas a punta de pistola al Congreso Nacional dieron los primeros pasos fundamentales hacia la impunidad. Dos leyes repugnantes al sentido democrático y de justicia establecieron un privilegio a favor de los militares asesinos a quienes la débil democracia argentina les otorgó, con efecto retroactivo, patente de corso. Después y sin que sean arrancados a punta de pistola, vinieron los indultos presidenciales. Y el cuadro de la vergüenza quedó definitivamente cerrado. Algunos delitos quedaron fuera de esta malla de protección mafiosa. Debieron pasar años para que los jueces comenzaran a actuar. Hoy, por esos raros y complejos entretelones de la justicia, algunos represores empezaron a ser enjuiciados por el robo de niños. Los defensores de los derechos humanos nunca se conformaron con las migajas de justicia y siempre fueron por mas. Hoy ya dos jueces declararon inconstitucionales y nulas las leyes de punto final y obediencia debida. A la Cámara de Bahía Blanca se le pidió lo mismo. En Córdoba la fiscalía avanzó y planteó la nulidad de los indultos. Trabajosa y lentamente, la causa de los derechos humanos avanza y restablece a la sociedad argentina la dignidad perdida.