19/11/91
Siempre dije porque siempre estuve convencido que la lucha por los derechos humanos, aunque se trata de una lucha por la vigencia de derechos, no es estrictamente una lucha jurídica. Dicho esto en el sentido que, si bien el trabajo de los abogados en los tribunales, es importante, no es lo más importante. Y lo digo convencido; entre otras razones, porque soy abogado y conozco las limitaciones de la lucha por el derecho en los estrados de la justicia. La pelea por la plena vigencia de los derechos humanos es política y por eso depende de la correlación de fuerzas y de la movilización; o al menos, del interés de amplios sectores de la sociedad. Argentina tiene una profunda experiencia en este tipo de luchas. Los organismos históricos, a los que se sumaron los mas nuevos, jamás dejaron de denunciar y luchar por la memoria, la verdad y la justicia. La histórica movilización del 24 de marzo de 1996 conmocionó a buena parte del mundo y produjo dos tipos de reacciones encontradas. Por un lado, una revitalización del tema de los derechos humanos y por el otro una fuerte reacción de los culpables y cómplices del estado terrorista. De esa movilización nació el juicio de España. De las luchas de los organismos salieron los repudios de Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos contra las leyes y decretos de impunidad. Sumada a esa lucha la de los abogados de derechos humanos se logró algo impensable hace un par de años: que dos jueces argentinos y una Sala de una Cámara de Apelaciones declarara nulas las leyes de impunidad y que una fiscal cordobesa planteara que también son nulos los decretos de indulto. Y ese es el rol, de acompañamiento, que nos corresponde a los abogados defensores de los derechos humanos. Claro está que sin ,movilizaciones ni interés de la sociedad, la lucha en los tribunales debe darse; pero, el éxito será más que dudoso.-