14/08/00
Cuando el Lunes pasado comentaba que la teoría de los dos demonios ha sido llevada a los Tribunales, me refería a las acciones iniciadas por el abogado militar Jorge Olivera. Estas acciones pretenden sumar confusión entre la gente no muy bien informada sobre lo que pasó durante el terrorismo de Estado. Se intenta equiparar las muertes de militares en acciones militares con la tortura, la desaparición de personas indefensas, el robo de bebés y todo tipo de groseras violaciones a los derechos humanos. Nunca será suficiente repetir que las violaciones a los derechos humanos solo las puede cometer el Estado, como ocurrió en nuestro país. El Estado o los grupos parapoliciales o paramilitares. Jorge Olivera quería que se investigue en los tribunales quien había matado a algunos militares. El pedido está fuera del tiempo y de la racionalidad. Ese tipo de víctimas siempre tuvo la posibilidad de recurrir a Tribunales. Las Madres y los familiares de los desaparecidos no podían, no se les daban respuestas serias y corrían el riesgo de desaparecer ellos mismos y sus abogados. No se qué va a pasar con el juicio iniciado por Olivera, un abogado que gozaba de impunidad en su país. Un abogado que está denunciado como violador de los derechos humanos; pero, que fue premiado con ese esperpento jurídico que es la Obediencia Debida. Obediencia Debida como si a alguien se le pudiera ordenar violar. Obediencia Debida como si alguna vez los que dieron las órdenes lo hubieran admitido en vez de refugiarse en el cobarde silencio. Pero, para ese abogado, los tantos han cambiado. Ahora está en un tribunal italiano con la posibilidad de ir a parar a un tribunal francés, del que podría ir a recalar a una cárcel. Bienvenida una vez más la justicia. Tal vez ahora muchos tomen conciencia de que Argentina es una cárcel en la que convivimos víctimas y victimarios. Nosotros ya lo sabíamos. Olivera no y por eso se fue a pasear su soberbia por Europa, donde le pasó lo que a Pinochet. Pase lo que pase con Olivera, pase lo que pase con Pinochet. Esta nueva vuelta de tuerca de la justicia, no tiene retorno.