CARTA A MI PATRIA
Buenos Aires, 18 de Febrero de
2002
Querida Madre:
Quizás necesite
contarte que lo que me pasa no tiene nada que ver con mi carrera
profesional que,
en definitiva, no son más que cuarenta años de trabajo que puedo exhibir
como tantos otros
millones de argentinos.
Te recorrí,
escasamente, y le pegué la vuelta al mundo más de tres veces, cantando poesía
y música
argentinas. Cada vez que salí de vos sentí que, de alguna manera, te representaba
y para mí era, es
y será un honor hacerlo. Siempre me fue doloroso viajar. Extraño mucho a
la familia, a los
amigos, a ciertos amados rincones de Buenos Aires, pero me iba pensando
en la alegría del
regreso, en el recurso del teléfono o la compu para decir, todos los días,
te quiero...los
extraño...ya falta menos...y la vuelta. La montaña de abrazos y besos,
María, Fede, los
sobrinos; leerme, de un tirón, todos los artículos que hubiere publicado
mi hermano
Alberto, los amigos , el asado , el Gordo Mesa matándome de risa por radio,
las charlas
enriquecedoras de horas y horas con Roberto de Banfield, el placer, imposible
de olvidar, de
escuchar a Rubén Juárez, ir a la cancha y dedicarme una hermosa disfonía
gritando por el
Ciclón, estar en casa con mis discos y mis libros.
Volver era, como
debe ser, una fiesta que compensaba la angustia de la ausencia. Volver
era estar en vos.
Como dice María Elena, vivir en vos.
Pero esta vez,
faltan apenas cincuenta días para partir y no tengo claro si siento orgullo
por ir a cantarte
o temor de no encontrarte al volver.
Porque te robaron.
Te vaciaron con nosotros adentro.
Y en nosotros veo
un gesto de azoramiento irreparable, una expresión incrédula, parecida,
se me ocurre, a la
que deben tener los que sufren un huracán. Una actitud de buscar
entre los restos
algo que sabemos que no está. Veo, también, en muchos, la inclaudicable
actitud de decir
basta.
Pero me pregunto a
mí, al hijo de un obrero de la construcción y una ama de casa. A mí,
que tuve acceso a
una educación y a una información que me hacían quererte, venerarte,
honrarte...
¿Adónde estaba yo mientras te robaban Madre? ¿Preocupado por tal o cual
gira?... ¿ Qué
hice cuando un funcionario del gobierno dijo "estamos de rodillas ante
el mundo"? ¿
Qué me pasó que no lo denuncié por traición a la Madre? ¿ En que
marasmo de vanidad
estaba metido que no me di cuenta de que no es posible que te
quitaran 46 mil
Kms de redes ferroviarias y siguieras en pie?
¿Qué grado de
culposa comodidad me cabe por votar y no controlar? ¿En qué CD nuevo
estaba pensando
cuando a mi lado, de la noche a la mañana, aparecían tipos con casas
y 4x4 que, un
ratito antes, no podían bancar una cena de cantina?....¿Qué hacía mi
conciencia cada
vez que veía una fábrica cerrada, con los vidrios rotos?...¿No pensaba
que por ahí se
iba tu sangre, Patria? ....¿Cómo es posible, Madre querida, que no haya
visto tu
agonía?....¿ Qué hizo mi inteligencia cuando miles de millones de dólares,
generados en vos,
Madre, fugaban con absoluta impunidad ?...
Nada. No hice
nada.
Soporté que
entraran en vos los soberbios, los frívolos y los cobardes. Todos con un
denominador
común: CORRUPTOS. Y los cómplices financieros indispensables de adentro
y de afuera. Me da
vergüenza, Madre, haber obtenido una dirigencia política que, en su
inmensa mayoría,
trabajó un único domingo de sus tristes vidas, para votar los plenos
poderes para
Felipe Cavallo, Ese, entre tantos otros, y sus cómplices políticos y financieros
hicieron con vos
lo que hicieron, Madre.
No por otra razón
mueren, de hambre, recién nacidos, muchísimos frutos de tu vientre, Patria.
No por otra razón
millones de hombres y mujeres sufren la indignidad de no tener trabajo,
salud, alimentos,
cultura para ellos y para sus hijos, Madre.
No por otra razón
las mayorías del congreso y el senado no legislan a favor del conocimiento
de la verdad,
Patria.
Quiero que sepas
que tus humildes no te vendieron, Madre. Que tus trabajadores no te
entregaron,
Patria.
Me voy a trabajar.
Diré la verdad en cualquier lugar del mundo que me pregunten por vos
o por mí. Tal vez
te sea más útil cantándote y contándote.
Aquí fue nada lo
que hice. Te pido, humildemente, perdón Madre.
José Angel
Trelles.
>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
SERPAL, 8 de marzo de 2002
volver
a derechos humanos